miércoles, 4 de mayo de 2016

A veces las cosas no son lo que queremos

A veces las cosas no salen como esperábamos, pero eso no significa que sean mejores o peores, buenas o malas, simplemente que no es lo que esperábamos.
Y ¿qué pasa?, pues que cuando algo que esperábamos sale bien, disfrutamos y estamos orgullosos, contentos y la vida nos parece maravillosa. Pero cuando no es lo que esperábamos y teníamos unas expectativas que no se llegan a cumplir, nos invade un sentimiento de impotencia y tristeza que nos puede llevar a sentirnos mal y a pensar cosas que realmente no son.
Yo no digo que no tengamos expectativas, ni mucho menos, pero quizás si aprendiéramos a disfrutar del camino que nos lleva a alcanzar esas expectativas, y si durante ese camino aprovechas las experiencias que te ocurren, a lo mejor el no alcanzar esas expectativas y no ser lo que realmente esperábamos, no es tan malo, sino otra cosa diferente que debemos mirar con optimismo.

Deberíamos fijarnos más en los niños y aprender de ellos, bueno no aprender,sino recordar cuando nosotros mismos éramos niños. En esa época vivíamos por y para el momento y el mañana sólo importaba de vez en cuando, de esta forma un partido de fútbol en la hora del recreo era como la final de la Champions, tenías que dar lo mejor de ti mismo en ese momento, y no importaba absolutamente nada que al día siguiente fueras a jugar otra vez. Sin embargo, en ese momento era el partido lo más importante y lo que viniera después pues ya vendría. No digo que vivamos siempre así, pero ¿qué pasaría si alguna que otra vez, lo hiciéramos, centrarnos en hoy sin importar mañana?


Obviamente al crecer, hacernos mayores se van adquiriendo una serie de responsabilidades que ya no te permiten vivir inocentemente como un niño. Aunque de vez cuando, como he dicho antes deberíamos pararnos y disfrutar del momento, olvidarnos de nuestros problemillas y jugar. Sí jugar, pero no jugar al candy crush con el móvil, jugar con otras personas, con quien te apetezca y a lo que sea, jugar en la calle, jugar a un juego de mesa, jugar a las cartas etc.
Me da mucha pena, esos niños (o adolescentes) de 13-14 años que a veces veo sentados en un banco de la calle haciéndose selfies y mirando el móvil con cara de aburridos, cuando en realidad deberían estar correteando de un lado a otro,pero ellos están jugando a hacerse mayores y no saben que algún día echarán de menos las tardes que puedes hacer de todo y no haces nada.

Y más tristeza me produce preguntarle a alguien de mi edad o parecida, que si se viene a jugar y que me responda,”no, no tengo ganas de pensar” o peor aún “no, ya no tengo edad para jugar”.
En esos momentos pienso serán idiotas,¿acaso hay una edad para no poder jugar?.
Y la respuesta esta vez sí que la tengo, es un rotundo NO, claro que no existe edad para no poder jugar.
Puedes jugar a la edad que quieras y con quien quieras, algunos padres juegan con sus hijos y los abuelos con sus nietos y nadie les dice eres mayor para jugar. Por eso odio que la gente me mire mal cuando de repente en la puerta de casa se forma un partido improvisado, con los primos, el hijo de la vecina y todo aquel que se apunta. Me dan ganas de decir: “estamos jugando, ¿que pasa?”

¡¡Para jugar no hace tener una edad concreta, sólo hay que tener espíritu, pero sobre todo ganas, muchas ganas!!

¡¡Si durante el día al menos una vez no te sientes idiota en algún momento, es que trabajas demasiado, JUEGA MÁS!!



R.
Échate Otro.

4 comentarios:

  1. Estoy contigo, no hay edad para nada que queramos hacer. Las limitaciones nos las ponemos nosotros mismos, ¡Qué triste! ¿verdad?
    Besazos,
    https://confesionesydesvarios.wordpress.com

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    1. Es verdad somos nosotros mismos nos que nos ponemos limites, y no utilizamos todo nuestro potencial...
      Gracias por el comentario!! Nos leemos!!

      Un abrazo!!

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  2. No dejamos de jugar porque nos hacemos viejos ... nos hacemos viejos porque dejamos de jugar ( ni idea de quien es la frase, pero me ha recordado mucho tu escrito!)

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    1. Muchas Gracias por el comentario!!!Es verdad lo que dices nos hacemos mayores porque dejamos de jugar, y habría que preguntarse ¿por qué dejamos de jugar?

      Un saludo!!Nos leemos!!:)

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